El nombre del grupo mayense conocido como maya yucateco probablemente se deriva de maya'o mayab; el término maya'se refiere al nombre del territorio, y se da a una serie de palabras afines como maya'wiinik: hombre de Yucatán, maya' xiiblal, maya'xch'uupal, maya't'aan: varón, mujer y lengua de Yucatán, respectivamente.

Otro posible significado de la palabra maya' sería ma'ya'ab: poco, no mucho; esto es, el lugar donde había poca gente o de gente escogida. Puede ser también una derivación de la expresión: ma'yaan ja', "no hay agua" o "lugar donde no abunda el agua". Incluso podría derivarse etimológicamente de máay ja': sitio o lugar donde se sedimenta o asienta el agua, donde existen cenotes en cuyo fondo se sedimenta el agua filtrada, pues máay significa polvo fino.
Localización
Los mayas de la península se localizan en los estados de Quintana Roo, Campeche y Yucatán.
Infraestructura
En la península, la red de carreteras cubre más de 10 000 km que benefician a los municipios de las tres entidades. Además, por Chetumal pasa la carretera internacional que comunica con Belice y Guatemala. La zona cuenta con terminales de autobuses, taxis, microbuses y de ferrocarril.
Hay aeropuertos en Mérida, Yucatán; en Cancún, Chetumal y Cozumel, Quintana Roo; y en Campeche. En el oriente y sur de la península hay pistas de aterrizaje para avionetas. En los centros urbanos hay servicio postal, telegráfico, de telex, telefónico, fax público, radio, sistema de satélites y servicios radiomarítimos, televisión por microondas, por cable y por satélite; el canal 13 de Mérida produce un noticiero semanal en maya.
Destacan los puertos de Campeche, Progreso, Celestúm, Ciudad del Carmen y Chetumal; además de contar con lugares de atracción turística como Cancún, Cozumel, Isla Mujeres, Telchac, Chierulub, Dzilam de Bravo; los astilleros de Lerma, Ciudad del Carmen, etcétera.
Antecedentes históricos
Hace unos 4 500 años un grupo proto-maya se estableció en Los Altos Cuchumatanes en el actual departamento de Huehuetenango, Guatemala; posteriorrmente, los mayas ocuparon los estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas, parte de Tabasco, las repúblicas de Guatemala y Belice, y las partes occidentales de Honduras y El Salvador.
La cultura maya se ha dividido para su estudio en tres periodos históricos: el Preclásico (2500 a.C.-300 d.C.), el Clásico (300-900 d.C.), y el Postclásico (1000-1541 d.C.).
Durante el periodo Clásico se consolidó la teocracia dirigente de las ciudades-Estado, dándose la más alta expresión de la arquitectura religiosa y suntuaria; las ciencias matemáticas, el calendario, la escritura, las bellas artes y la astronomía. Desarrollaron técnicas hidráulicas y de cultivos intensivos, lo que permitió alimentar a una numerosa población. A mediados del siglo X, alrededor del año 900 d.C., las ciudades de la civilización maya fueron abandonadas.
En el Postclásico (1000-1524/41 d.C.), se reestructuró la sociedad maya debido a las influencias de grupos del Altiplano central mexicano, a través de los putunes de Tabasco que migraron a la península: los itzáes y los xiues. Hacia el año 987 se registró la llegada de Quetzalcóatl, difundiéndose el culto a Kukulcán (Serpiente Emplumada). Este periodo se caracterizó por una intensa actividad mercantil en un área que abarcaba desde el Altiplano central mexicano hasta Honduras. La ciudad-Estado más importante fue Chichén Itzá, destruida en el año 1250 d.C.
La sociedad maya estaba altamente estratificada: en la cúspide se encontraba la nobleza, políticos, sacerdotes y militares de alto rango; en seguida se encontraba un sector medio formado por campesinos ricos, profesionistas especializados y altos funcionarios y, por último, campesinos, pescadores y artesanos denominados macehuales. En el último estrato estaban los esclavos.
A la llegada de los conquistadores, los mayas se resistieron a la invasión; los españoles tardaron 19 años en someter el norte y parte del centro de la península, mientras que algunas provincias del oriente, del noreste y del sur se mantuvieron rebeldes o j-wíit-es, física y culturalmente alejadas del dominio español. 
Los españoles impusieron la encomienda, que permitió controlar la mano de obra nativa y obtener tributo. En la segunda mitad del siglo XVIII el sistema de encomienda fue sustituido por la hacienda maicero-ganadera por medio de la cual los nativos quedaban como asalariados endeudados.
Hacia 1820, los criollos se apropiaron de más tierras comunales de los mayas, incrementaron la producción de henequén y de caña de azúcar, cultivos que desplazaron al maíz.
En 1847 se inició la Guerra de Castas, los mayas luchaban por la recuperación de sus tierras y de sus ancestrales derechos culturales; después de tres años de guerra, los insurrectos llegan a sitiar las ciudades de Mérida y Campeche; sin embargo, las tropas indígenas se retiran y los yucatecos aprovechan la oportunidad para recuperarse militarmente.
Para 1850 los rebeldes se internaron en la selva del oriente y sureste peninsular, en lo que actualmente es el estado de Quintana Roo. Desde allí reorganizaron sus ataques mediante tácticas guerrilleras. Hacia 1890 ya habían reestructurado su vida social en torno a sus creencias religiosas milenaristas, la agricultura y las actividades defensivas de guerrilla. Para 1901, las tropas federales arrasaron con el santuario "Chan Santa Cruz" (hoy Carrillo Puerto), bastión de los rebeldes, quienes se retiraron a otros poblados de la selva. En 1904 la parte oriental de la península es convertida en territorio nacional.
Hacia 1920, atraídos por la bonanza del chicle, gente de diversas partes del país llegaron a las regiones boscosas quintanarroenses; sin embargo, los mayas rebeldes organizaron sus propias cuadrillas de trabajo y no permitieron la entrada de extraños a su territorio; se pacificaron hasta 1936, llegando a acuerdos con las autoridades gubernamentales mediante los cuales sus nueve pueblos, reconocidos como zona maya, fueron dotados de un ejido en el centro de Quintana Roo.
Durante el Porfiriato, la situación social en el norte de Yucatán era deplorable para los campesinos mayas y los inmigrantes de origen yaqui, chino y coreano, quienes trabajaban como peones acasillados en los gigantescos plantíos de henequén que abarcaban unos 50 km2 alrededor de la ciudad de Mérida. Después de la Revolución, se otorgó a estos trabajadores escasas parcelas de poco rendimiento. La manipulación del poder económico y político del grupo mestizo fue un obstáculo para que el reparto agrario fuera aplicado en forma efectiva. Entre 1920 y 1930 la tierra repartida fue mínima y casi toda ella, fuera del área henequenera.
Entre 1935 y 1938, bajo el régimen del presidente Lázaro Cárdenas, se llevó a cabo la expropiación del 70% de las tierras de las haciendas henequeneras y se incluyó a los peones acasillados entre los beneficiarios. A partir de 1938 se estableció el "gran ejido" henequenero organizado colectivamente con campesinos y ex hacendados, ahora pequeños propietarios, integrando una comisión reguladora de la producción que duraría hasta 1955; esta organización funcionó como una inmensa plantación estatal que no benefició a los indígenas. En 1955, el gobierno federal tomó el control de los ejidos henequeneros, disolviendo la comisión y colocándola bajo responsabilidad del Banco Nacional de Crédito Ejidal, sin embargo, la posesión de las máquinas desfibradoras, continuó en poder de los ex hacendados.

En 1963 fue creada la empresa paraestatal Cordemex, S.A. de C.V., misma que centralizaría toda la producción industrial henequenera; ésta sólo generó beneficios económicos y políticos a un pequeño número de funcionarios, por lo que en mayo de 1992, después de muchas protestas por parte de los cordeleros y campesinos, fue decretado el cierre definitivo de Cordemex. A los trabajadores del henequén se les dio una mínima indemnización.
Lengua
De acuerdo con la clasificación lingüística, el maya pertenece al grupo maya-totonaco que ha gozado de un desarrollo literario, especialmente durante la época de la denominada Guerra de Castas en la segunda mitad del siglo XIX, cuando los documentos oficiales eran escritos en maya.
Esta lengua es hablada por los nativos peninsulares y por una gran parte de la población mestiza que la utiliza como un elemento de interacción en sus relaciones sociales. Las zonas agrícolas maiceras presentan los porcentajes más altos de población monolingüe de maya.
Las mujeres emplean más la lengua maya que los hombres, y las nuevas generaciones hablan más el español que el maya, pues este idioma es relegado al ámbito doméstico.
Salud
Los mayas consideran que las enfermedades pueden ser de origen natural o provocadas por hechizos, envidias, o por seres sobrenaturales. Las enfermedades naturales o lu'um kaabil se deben a la constitución misma de la persona; las sobrenaturales ik'naal (viento) pueden ser provocados por "la pérdida del alma", los "malos aires", el "mal de ojo", la brujería o el desequilibrio entre los alimentos considerados como "fríos" o "calientes".
Los mayas acuden preferentemente con curanderos, algunos de ellos tienen conocimientos de acupuntura; las comadronas atienden los partos de indígenas y mestizas.
Con los términos de j-meen (el que hace porque sabe) o de yum k'in (el señor del culto solar) se designa a los especialistas; los más reconocidos son los "yerbateros" o curanderos (ts'a ts'aak); los médicos diagnosticadores que indican qué "mal viento" o "aire" causó la enfermedad, y en ocasiones curan al enfermo; los yoot'o'ob, masajistas que expulsan la enfermedad provocada por "vientos" o "aires" que se alojan en los músculos y tendones; y el utskinaj bak (huesero). El nojoch aj k'aansaj o "gran maestro" aconseja en caso de conflictos personales y dirige varios rituales; los j-meeno'ob o santiguadores que con sus rituales neutralizan las fuerzas naturales, y sobrenaturales, que causan el "viento de agua" del mediodía, que sopla del poniente o chik'in'ik.
Vivienda
Las casas de los mayas peninsulares son de planta absidal, redondeada en los dos extremos, con paredes de varas entretejidas (bajareque), techos de dos aguas de hojas de guano, palma o zacate, sobre una base de tierra apisonada (buk'tun). En estas construcciones se emplean bejucos para las ligaduras en lugar de clavos.
En la construcción de la vivienda participan los varones de la familia, y en ocasiones reciben ayuda de parientes y amigos. En los poblados grandes existen técnicos especializados, que trabajan en "cuadrillas" y perciben un salario.
El mobiliario es sumamente sencillo en los lugares más apartados, mientras que en los poblados mayores se multiplica con enseres y muebles modernos. Se compone generalmente de sillas de madera con asientos de cuero, bancos de tronco, una mesa, hamacas de hilo de henequén o de algodón; petacas de palma, cestos de bejuco para las semillas y para la ropa, roperos, baúles y máquinas de coser. En la cocina tradicional está un fogón (k'oben) y diversos utensilios, algunos tienen estufas de gas.
Artesanías
Los mayas de la península elaboran múltiples artesanías, empleadas para la decoración, el uso doméstico, el ritual y el suntuario. La cerámica artesanal se compone de escudillas, tazas o "apastes", cántaros o tinajas, comales, ollas y juguetes de barro.
La más antigua técnica de cerámica es el modelado a mano y cocido a ras del suelo en hornos cerrados hechos de mampostería y paredes de tierra, arcilla y piedra. Ticul, Mana, Akil, Maxcanú y Uayma (en Yucatán) y Tepakán (en Campeche), producen artículos de barro.
Respecto a los textiles aún se utiliza en el oriente de Yucatán un pequeño telar en el que se elaboran flecos para orillar las servilletas. Los bordados, ya sean a mano o en máquina de coser se producen en toda la península. Además, se tejen hamacas con fibra de henequén.
En algunas localidades de Yucatán y Campeche -como Mérida, Ticul, Tekax, Valladolid, Calkiní, Campeche y el Puerto de Campeche-, se practica la orfebrería, utilizando las técnicas del fundido del metal y el laminado; con esta técnica hacen rosarios y pulseras de filigrana de oro y coral. En Campeche, Progreso y Mérida, se hacen artículos de concha de abulón, de coral negro y de caparazón de tortugas de carey.
La talabartería se practica en Mérida, Umán, Espita, Valladolid, Ticul, Tekax, Motul, Mérida, Sotuta, Maxcanú; en la ciudad de Campeche fabrican alpargatas, bolsas, carteras, cigarreras, valijas y portafolios, que se comercializan en toda la península y en el sureste mexicano.
En Ticul y Halachó, Yucatán; Becal y Nunkiní, Campeche; y en la "zona maya" quintanarroense se manufacturan sombreros, cestas, canastas, bolsas y petates con hojas de palma de guano y de jipi; manteles, bolsas y servilletas de henequén y artículos hechos a base de bejuco y carrizo. En Dzityá, Tixhualatun y Muna trabajan la piedra labrada.
Territorio, ecología y reproducción social
En toda la península de Yucatán predominan los terrenos calcáreos, pedregosos y, en general, planos. El clima es templado subhúmedo, con precipitaciones pluviales que oscilan entre los 600 y los 1 500 mm anuales. En Quintana Roo y Campeche el clima es cálido, húmedo y subhúmedo, con lluvias en verano; la temperatura promedio es superior a los 22°C; la precipitación pluvial anual oscila entre los 1 000 mm en el norte, a los 2 000 mm en el sureste.
En Yucatán, el monocultivo tradicional henequenero significó la reducción del espacio para el cultivo del maíz, y con el desplome de la industria henequenera los terrenos son abandonados y convertidos en matorrales.
Durante las dos últimas décadas, el desarrollo de las zonas urbanas, de la ganadería y el incremento de la citricultura, han modificado significativamente la superficie boscosa que se ha reducido de 19 millones de ha a sólo 9 millones.
Esta área era la reserva de especies vegetales comestibles, maderables y medicinales.
Según datos estadísticos, el 45% de los campesinos han emigrado a Cancún, Isla Mujeres, Cozumel o Mérida, en busca de trabajo. El fenómeno migratorio es creciente. Los recién emigrados se enfrentan con problemas como son asentamientos irregulares, empleos subcalificados y mal pagados, viviendas de mala calidad, etcétera. La migración al extranjero es, principalmente, hacia Belice, Guatemala, Estados Unidos y Canadá.
Organización social
En la pirámide social se encuentran en primer término los "blancos" o ts'oulo'ob, quienes detentan el control político y económico de la región, en este grupo también están los ricos comerciantes de ascendencia siria y libanesa, que migraron a la península a principios de este siglo.
En segundo lugar se encuentran los "mestizos finos", quienes se reconocen como descendientes de la desaparecida aristocracia maya; visten ropa suntuaria que indica su estatus económico y se precian de hablar "la maya" con soltura y elegancia.
Después, se encuentra el gran conglomerado de los "mestizos"; la mayoría de éstos hablan maya y español. En las ciudades se ocupan como obreros, artesanos, comerciantes o empleados públicos; en los pueblos y en las aldeas pueden ser ejidatarios, peones, pequeños propietarios, profesores, etcétera.
Los "mayeros" o macehuales son campesinos predominantemente monolingües, que habitan en las áreas maiceras alejadas de los centros urbanos. En el pueblo de Xocen Cah, los macehuales se identifican como la "raza de la Cruz" y se organizan en torno al culto de la cruz de piedra, la "del centro del mundo".
Finalmente estarían los "macehuales rebeldes" o jwíit'o'ob o koompas descendientes de los insurrectos de la Guerra de Castas, quienes habitan en la región central del estado de Quintana Roo y se organizan en torno al culto milenarista de la Cruz Parlante. En la actualidad, éstos no superan los 10 mil.
Cada municipio tiene un presidente, así como consejales o ediles, jueces de paz y policías. Estas autoridades están subordinadas a los gobiernos de cada estado. En los pueblos indígenas de la parte central de Quintana Roo, hay cargos militares de general, comandante, capitán y sargento; junto con el nojoch tata, los escribientes (sagrados) y los rezadores, conforman un selecto grupo que está integrado a la administración municipal.
Para un acuerdo matrimonial, los padres del joven realizan varias visitas a la casa de la familia de la muchacha, llevando bebida y cigarros; en la última visita, si es concertada la boda, llevan pan y chocolate. En la ceremonia llamada múujul o "entrega de la dote" el joven lleva a la novia diversos objetos suntuarios, comida y bebida para esa ocasión; el novio realiza el ja'ankabil "servicio del yerno", que es trabajo en las labores agrícolas.

La relación de compadrazgo es importante en lo que se refiere al bautizo católico y al bautizo tradicional denominado jeets meek', "abrazar a horcajadas"; para "abrir" el entendimiento, tanto a las niñas como a los varoncitos, durante la ceremonia les colocan en las manos los utensilios de trabajo relacionados con su sexo.
Cosmogonía y religión
Según los mayas de la antigüedad el universo estaba compuesto por trece planos celestes y nueve subterráneos; cada uno de ellos estaba bajo la regencia de una deidad determinada. La tierra constituía el primer plano de los trece que habitaban los dioses buenos llamados Oxlajun-ti'-k'u', en los nueve de abajo, habitaba el grupo de los dioses malignos, conocidos como Bolon-te'-K'u'; en el último de estos planos estaba el infierno o metnal, regido por Aj Puch, "Señor-Destructor o de la Muerte".
Los fenómenos naturales que más influencia tienen en la vida de la gente son las lluvias, los vientos, los truenos y los relámpagos. Para estar en buenos términos con todos los dioses y espíritus que mueven estas fuerzas, el hombre maya emplea la persuasión y el ruego a través de fórmulas mágicas y ceremonias rituales. Para ellos, el mundo sobrenatural es tan real y efectivo como el mundo material.
De acuerdo con los nativos de Yucatán, existen siete cielos sobre la tierra, cada uno de los cuales tiene un agujero en el centro; una ceiba gigantesca se yergue en el centro de la tierra y extiende sus ramas pasando por esos agujeros a través de los diversos cielos hasta llegar al séptimo plano donde reside "El Gran Dios" de los ts'uulo'ob ("blancos"). Por medio de este árbol las almas de los muertos pasan de un cielo a otro, hasta llegar al más alto donde, por fin, permanecen.
En los planos inmediatamente inferiores al que ocupa "El Gran Dios" (Jáyal Dios), están distribuidos todos los demás dioses conocidos como Yumtsilo'ob, así como los "guardianes" de los animales silvestres y los K'ak'as báalo'ob que son espíritus maléficos o demoniacos. 
En antiguas leyendas se menciona la destrucción de mundos anteriores al actual; los dos primeros fueron devastados por un diluvio. Después de esto, vinieron los macehualo'ob de los que descienden los mayas actuales. En la primera época habitaron los p'uuso'ob o "pequeños-seres-con grandes-poderes"; después vivieron los itza'es, que fueron "hombres santos" y a los que se atribuye la construcción de grandes edificios, por medios mágicos. Posteriormente, aparecieron los mayas que vivieron en esos mismos lugares, pero no edificaron nuevas construcciones.
Los mayas fincan su visión del mundo en torno del cultivo del maíz. En algunos lugares aún se rinde culto a deidades mayas prehispánicas como los cháak-es o dioses de la lluvia, a quienes se les ofrecen ceremonias anuales denominadas ch'a cháak con objeto de atraer las lluvias y obtener buenas cosechas en las milpas. También se venera a los "dueños" de todas las cosas y animales, a los YumtsiIo'ob.
Cada pueblo posee un santo patrono y en algunos lugares hay "cofradías" que se encargan de cuidar su imagen y de hacer su fiesta anual. En la "zona maya" de Quintana Roo, el Nojoch Tata o Gran Padre mantiene los rituales para la "Cruz Parlante" protectora del grupo de los cruzo'ob o "rebeldes".
Fiestas
En Yucatán y Campeche, además de las festividades y ritos organizados en honor de las deidades mayas, se celebran fiestas del santoral católico, como las de los santos patronos, la fiesta a la Santa Cruz y la Semana Santa. 
En el centro del estado de Quintana Roo destacan las fiestas en honor de la Santa Cruz; que coinciden con el inicio de la temporada de lluvias, así como el Sábado de Gloria, fecha en que se enciende el fuego nuevo, llamado tumbul k'aak' o tumben k'aak'.
Entre los mayas se veneraba y festejaba a la deidad de la lluvia, llamada Cháak, para que lloviera y se obtuvieran buenas cosechas.
La fiesta inicia en la casa del mayordomo, "diputado" o kuch-es; él y sus ayudantes costean buena parte de la misma; los gastos ascienden a millones de pesos. El hecho de ser mayordomo da mucho prestigio social.
Relaciones con otros pueblos
Las diferencias sociales en la península se evidencian en la estructura residencial; los mestizos ricos y algunos ts'uulo'ob (blancos, ricos) ocupan la parte central de la población, en tanto que los macehuales pobres viven en la periferia. Existen muchos términos peyorativos con los que "los blancos" designan a las personas de origen maya; la mayor parte de estos términos son vocablos mayas o derivaciones de palabras mayas.
En el pueblo de Chichima, al sur de Valladolid, los nojoch máak (integrantes del consejo de ancianos) mantienen una dura disputa con los representantes de los partidos políticos; lo mismo sucede en la zona maya del estado de Quintana Roo, donde los representantes oficiales del gubernamental Consejo Supremo Maya son repudiados por los koampas o "rebeldes".
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Las radiodifusoras indigenistas se han abierto paso en la mente y el corazón de sus escuchas. Locutores, operadores, músicos, intérpretes, danzantes, compositores, narradores, corresponsales y muchos indígenas más han hecho suyo este espacio de comunicación único en su tipo.
Todo empezó el 10 de marzo de 1979, cuando el entonces Instituto Nacional Indigenista, hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), puso en el aire las transmisiones de la radioemisora XEZV La Voz de la Montaña, en Tlapa de Comonfort, Guerrero. Hoy, el Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas (SRCI) comprende veinte emisoras que transmiten en la banda de amplitud modulada y siete más en la banda de frecuencia modulada operadas, cuatro de ellas, con la participación de niños y niñas mayas en los albergues de Yucatán.

No es posible narrar la historia del Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas en pocas palabras. A lo largo de su vida han transitado compañeros y compañeras, radioapasionados todos ellos, que han puesto lo mejor de su empeño por lograr un medio de comunicación indígena para los indígenas.
Es posible observar el impacto que han tenido las radios en la población indígena en las fiestas de los aniversarios, en los rostros de la gente que llega a su radio, muchos de ellos tras caminar horas o días para llegar al festejo. A ello se suma la satisfacción de recibir miles de cartas y de llamadas telefónicas que llegan mes con mes a las emisoras; de poder servir de enlace entre los migrantes y sus familias; de contar con la participación de las comunidades en los Consejos Consultivos que trabajan en la mayoría de las estaciones; de observar la alegría de los niños que tienen su propio programa o de leer la carta del indígena que produce material desde el Centro de Producción Radiofónica del reclusorio en Tlaxiaco, Oaxaca.
A lo largo de 25 años, las radiodifusoras indigenistas han transmitido y difundido la lengua, la cultura, las tradiciones y la música de las comunidades y los pueblos indígenas. En estos más de cinco lustros las radios han acumulado la sabiduría de los ancianos, han recogido las inquietudes de los jóvenes, de los hombres y de las mujeres; y su memoria se encuentra resguardada en la Fonoteca Henrietta Yurchenco, así como en las fonotecas de cada una de las emisoras del SRCI. Un gran acervo fonográfico único en el mundo. 
En estos años, las radiodifusoras indigenistas también han hecho escuela, han formado recursos humanos al interior de las propias radios, pero al mismo tiempo han abierto espacios para la comunidad, trabajando con corresponsales comunitarios y capacitando a productores radiofónicos en las comunidades indígenas.
Hoy, cerca del 75% del personal que labora en las radios es indígena y la calidad de su trabajo también es reconocida por innumerables instituciones que acuden a la radio, cada vez más, para la difusión de mensajes de interés para la población.
Las emisoras del SRCI son las únicas, en todo el país, que transmiten en 31 lenguas indígenas,en cumplimiento del derecho de los pueblos indígenas a ser informados en su propio idioma. Durante este cuarto de siglo las radios indigenistas han sido facilitadoras de procesos educativos, del uso de las lenguas y de su fortalecimiento. Pero, sobre todo, se han convertido en un puente de comunicación entre el mundo indígena y el no indígena.
La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas asume que el respeto a la diversidad y a la pluralidad de la nación, así como el reconocimiento pleno de que los pueblos indígenas de hoy forman parte de la historia presente y del devenir de nuestro país, todavía son retos por concretar.
Contar con un sistema nacional de radiodifusión indigenista es una importante estrategia para enfrentar estos desafíos, porque ha contribuido al reconocimiento de la diversidad de los pueblos, a la pluriculturalidad y al fortalecimiento de las lenguas indígenas. Las radios indigenistas se han ganado la confianza de sus radioescuchas porque en estos años han demostrado su inquebrantable compromiso hacia ellos.
Hoy, la CDI se compromete a trabajar más para lograr que el Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas de México se convierta en un espacio accesible y altamente participativo para más pueblos indígenas, que cumpla con el papel de un medio de servicio público de comunicación hacia estos pueblos y que asegure ser una instancia de información e interlocución entre las comunidades indígenas y otros actores de la sociedad. Todo ello con el fin de consolidar el carácter plural y diverso de la nación.
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El Día Internacional de la Mujer, se celebra desde hace más de ocho décadas. En todo el mundo se conmemoran los esfuerzos que han realizado por alcanzar la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Más allá de fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, las mujeres de los cinco continentes organizan diversos eventos para festejar este día y refrendar la conciencia de que no sólo la mitad de las obligaciones, sino también de los derechos les corresponden. 
Durante el Segundo Congreso de Mujeres Socialistas, en 1910, celebrado en Copenhague, Dinamarca, la feminista alemana Clara Zetkin propuso que el día 8 de marzo fuera proclamado como jornada de lucha para las mujeres trabajadoras de todo el mundo, como recordatorio del aniversario de la muerte de 146 obreras textiles, que habían perecido en el interior de una fábrica a consecuencia de un incendio provocado, el 8 de marzo de 1857. Las obreras de la Triangle Shirt Waist Company de Nueva York, se declararon en huelga y ocuparon la fábrica para denunciar las pésimas condiciones de trabajo y seguridad, y ante la negativa de desalojar, fueron atacadas con bombas incendiarias, provocando la muerte de todas las mujeres que se encontraban en el edificio.
Como antecedentes a la instauración del día de la mujer, se considera el 3 de mayo de 1908, fecha en que se realizó una jornada de mujeres en el Teatro Garrick de la ciudad de Chicago, con el fin de movilizarse por el derecho al voto y contra la esclavitud sexual. También las numerosas huelgas que a partir de noviembre de 1908 protagonizaron las trabajadoras del sector textil en el East Side de Nueva York, paralizando las fábricas durante trece semanas, y que culminaron con la convocatoria a realizar una manifestación el 8 de marzo de 1909, reivindicando mejores condiciones de vida y de trabajo para las mujeres inmigradas, la abolición del trabajo de los niños y el derecho del voto femenino.

En los años posteriores al congreso de 1910, las mujeres socialistas de Alemania, Suecia, Austria y Finlandia celebraron el Día de la Mujer en la fecha propuesta por Zetnik, organizando manifestaciones en la calle.
Sin embargo, es hasta el 8 de marzo 1911 que se celebra el Día Internacional de la Mujer y es hasta el termino de la Primera Guerra Mundial que la celebración se extendió por todo el mundo.
En nuestro país oficialmente se celebra el Día Internacional de la Mujer a partir de 1975, donde particularmente se destaca la lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y las niñas.
Se consideran como derechos de las mujeres: igualdad ante la ley; la no discriminación en los diferentes ámbitos en los que se desarrolla; la impartición de justicia equitativa, pronta, expedita y legal; a vivir dignamente; la educación; el trabajo asalariado; la seguridad social y a la atención médica; prestaciones crediticas y bancarias; tener una vivienda digna y servicios públicos; hacer proyectos productivos y a organizarse; la propiedad individual y colectiva de la tierra; firmar contratos y administrar bienes; la salud sexual y reproductiva; opinar, expresarse y ser escuchadas; votar y ser elegidas para ocupar cargos públicos.
Los documentos en que aparecen los derechos de las mujeres, tanto en nuestro país como en el extranjero, son los siguientes:
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Convenios sobre nacionalidad de la Mujer. OEA, 1936, México, 1939.
Convenio relativo a la igualdad entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor. OIT, 1951, México, 1953.
Convención interamericana sobre concesión de los derechos civiles de la mujer, OEA, 1948; México, 1954.
Convenio relativo a la norma mínima de seguridad social; OIT, 1952; México, 1962.
Convenio relativo a la discriminación (empleo, ocupación), OIT, 1958; México, 1962.
Conferencia Mundial de la Mujer, ONU, 1975.
Convenio sobre la nacionalidad de la mujer casada, ONU, 1957; México, 1979
Convención Interamericana sobre Concesión de los Derechos Políticos de la Mujer. OEA, 1948; México, 1981.
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, ONU, 1979; México, 1981.
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Civiles, ONU, 1976; México, 1981.
Convención Interamericana sobre Concesión de los Derechos Políticos de la Mujer, OEA, 1948; México, 1981.
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, OEA, 1974.
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Una puerta a la diversidad de México
145 objetos del Acervo de Arte Indígena y 30 fotografías de la Fototeca "Nacho López", ambas colecciones pertenecientes a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. La mayor parte de las piezas fueron creadas durante la última mitad del siglo XX y poseen cualidades artísticas que son representativas de cerca de 50 pueblos indígenas de México. La exposición se conformó de cuatro salas y una muestra fotográfica titulada "Olvido Iluminado" Museo Nacional de Culturas Populares. Agosto de 2004 - enero de 2005

Sala 1. Arte Indígena. Una Puerta a la Diversidad de México
México es un país diverso; es un río de culturas en constante movimiento cuyas corrientes se entremezclan siempre. Aquí, la lengua de los pueblos indígenas canta. Aquí, su identidad, sus maneras de pensar, e incluso sus territorios, distinguen a una cultura de otra, a un pueblo de otro. Aquí despliegan su sabiduría y creatividad a través de la expresión plástica, la tecnología y con ello hacen más fuertes su organización, sus prácticas religiosas y sociales.
La nación mexicana reconoce a sus pueblos indígenas. Sabemos de la existencia de más de sesenta pueblos indígenas distribuidos a lo largo y ancho del territorio del país. Son más de 12 millones de mexicanos que se encuentran en casi todos los municipios de la República cuidando bosques, selvas, desiertos, montañas y llanuras.
A lo largo de su historia, los pueblos indígenas han aportado a México su sabiduría y un invaluable acervo de conocimientos sobre su entorno natural, incorporando en él un sinnúmero de técnicas y tecnologías para el aprovechamiento de sus recursos y que se plasman en una multiplicidad de expresiones culturales y objetos materiales.
El hecho de representar la vida cotidiana, la vida del trabajo y la vida ritual en objetos e imágenes concretas, los convierte en piezas estrictamente estéticas en las que intervienen equivalencias expresivas que se descifran por medio de la valoración como productos artísticos.
Arte Indígena. Una puerta a la diversidad de México nos muestra una diversidad de obras maestras que han surgido de los actos más rutinarios de la vida cotidiana de los pueblos indígenas. Invitamos al público a reconocer en ellas a los pueblos indígenas mediante un universo posible de sensaciones visuales, formas, texturas y colores que conviven armónicamente con complejas técnicas de elaboración y con esa contribución plástica personal que transforma cada objeto en una pieza única e irrepetible. Sea ésta, pues, una puerta al vasto mundo del arte indígena.
Sala 2. Forma mística, textura festiva y color ritual
El arte indígena de México es diverso. Tiene un profundo significado que se expresa con las particularidades de cada cultura. El peso simbólico que representa cada obra, así como la historia de cada una –su antecedente artístico, la acumulación de influencias estéticas y la apropiación de tecnologías foráneas a lo largo de milenios– y la exquisita intencionalidad creativa, nos ayudan a retomar el universo para ser analizado como expresión estética individual y colectiva, en donde la forma y el color se subordinan a los contenidos espirituales trascendentales.
El ingenio plástico de cada uno de los pueblos indígenas satisface las necesidades religiosas y ceremoniales. Es abundante y visible. Así, la originalidad de la obra de arte resulta de la función mística que representa; la esfera del arte es sólo el dominio para la reinterpretación de los símbolos comunales. La obra resultante posee más una carga emocional que intelectual y tiene un carácter que reproduce los esquemas del pensamiento filosófico mediante estilizaciones decorativas que recrean lo bello.
Las piezas que se exhiben en esta sala tienen diseños estéticos y ornamentales con contenidos milenarios de orden personal, ritual y cosmogónico, materializados mediante símbolos de contacto con lo divino, con los ancestros y con la fuente de la vida. Nos recuerda que el hombre, desde tiempos inmemoriales y mediante la observación de su propio ser y del universo que lo rodea, creó el orden cósmico perfecto.
Su expresión sintetiza el alma de un pueblo, los gustos, los ideales, las realizaciones y la imaginación, para compartir plácidamente con los dioses festejando la vida y la muerte.
Sala 3. La expresión artística de lo cotidiano

La casa es el espacio donde el arte convive día a día con las personas. Ahí se recrea la sensibilidad y se reafirma el origen diverso de cada quien. Es en la casa, en el vestido y en la satisfacción de las necesidades primarias, donde se planta la búsqueda innata por el arte, independientemente de las variaciones domésticas entre distintos pueblos.
En el marco cotidiano de la casa se come, se resguarda el patrimonio familiar. Ahí se heredan las tradiciones, se imponen los sentimientos. También se gesta la vida y se enseña un modelo del saber ser. Se transmiten los valores ideológicos, se instruyen las tecnologías y se potencia la especialización del trabajo.
Los objetos que satisfacen las necesidades domésticas tienen una profunda razón de ser. Han sido elaborados de manera espontánea y guardan una estrecha relación con la estética particular de cada comunidad. Los diseños de los objetos y su decoración responden a los patrones de vida cotidiana, pero no son laicos, ni individualizados, ni carecen de expresividad plástica. La habilidad y el ingenio creativo de los indígenas han permitido que desarrollen constantemente variaciones de una misma pieza, razón por la cual un solo concepto puede encontrarse en distintas formas y técnicas.
La variedad de objetos está condicionada por los materiales utilizados, generalmente obtenidos del entorno local, por los cambios en las dimensiones y por los diseños trazados. Las formas llegan a ser orgánicas y delicadas, pero a la vez resistentes. Los dibujos tienen contornos casi geométricos, o bien complicadas representaciones naturalistas en las que el objeto se convierte en fondo y la decoración en figura. Los volúmenes son sensuales, fecundos y juegan con el espacio tridimensional. Las proporciones tienen tal coherencia y armonía que pueden compararse con la composición de las más sublimes obras pictóricas de todos los tiempos; los colores hablan por sí solos de la presencia abstracta de un individuo, del estado de ánimo del productor y del contexto social al que pertenece.
Sala 4. El trabajo hecho arte
En México, como en otras culturas del mundo con pueblos indígenas, el arte ha formado parte de la funcionalidad de la existencia y se ha integrado al trabajo cotidiano. Sin embargo, un objeto que sirve como herramienta se convierte, si es hecho bajo una perspectiva de equilibrio armónico, ingenio y de intencionalidad plástica, en una auténtica obra de arte. Además, los objetos que se usan en las labores productivas - agrícolas, ganaderas, pesqueras y para el trabajo doméstico - y que han sido concebidos desde una consciente necesidad estética, son por sí solos piezas únicas que sintetizan la memoria colectiva en la creación individual.
Así, la tierra da el alimento y el sustento, y también los colores que se transforman en sublime escultura, trascendiendo la utilidad de la alfarería. Algunos vegetales y animales proporcionan la materia prima para la indumentaria que se usa en el trabajo, pero también el medio plástico del arte textil. Los árboles, vivos detonantes de los diversos paisajes, dan la madera que estructura el hogar y allana el trabajo doméstico, así como el poder expresivo del mobiliario y el menaje de casa. De la industria se toman algunos avances tecnológicos para el mejor aprovechamiento del campo y del mar y, a la vez, innova los objetos de trabajo como manifestaciones creativas, integrando nuevos materiales a las obras.
Pero el arte en el trabajo es diferente del trabajo de hacer arte. El potencial creativo de un individuo, enmarcado en la diversidad de contextos culturales, tiene que ver con la sensibilidad, el conocimiento, el ingenio, la experiencia y el dominio que el artista tiene de las técnicas tradicionales.

Estas técnicas, que en su mayoría exigen de concentración, conocimientos y sabidurías profundos para el dominio del espacio plástico, son el puente tendido entre la más intrínseca razón de existencia de los objetos –cosmogonía y funcionalidad– y la tradición artística que evolucionó por milenios. En esta sala, se verán volúmenes, figuras, colores, expresiones que inducen experiencias estéticas a partir de simples artículos y herramientas de trabajo.
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