Una puerta a la diversidad de México

145 objetos del Acervo de Arte Indígena y 30 fotografías de la Fototeca "Nacho López", ambas colecciones pertenecientes a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. La mayor parte de las piezas fueron creadas durante la última mitad del siglo XX y poseen cualidades artísticas que son representativas de cerca de 50 pueblos indígenas de México. La exposición se conformó de cuatro salas y una muestra fotográfica titulada "Olvido Iluminado" Museo Nacional de Culturas Populares. Agosto de 2004 - enero de 2005

Sala 1. Arte Indígena. Una Puerta a la Diversidad de México

México es un país diverso; es un río de culturas en constante movimiento cuyas corrientes se entremezclan siempre. Aquí, la lengua de los pueblos indígenas canta. Aquí, su identidad, sus maneras de pensar, e incluso sus territorios, distinguen a una cultura de otra, a un pueblo de otro. Aquí despliegan su sabiduría y creatividad a través de la expresión plástica, la tecnología y con ello hacen más fuertes su organización, sus prácticas religiosas y sociales.

La nación mexicana reconoce a sus pueblos indígenas. Sabemos de la existencia de más de sesenta pueblos indígenas distribuidos a lo largo y ancho del territorio del país. Son más de 12 millones de mexicanos que se encuentran en casi todos los municipios de la República cuidando bosques, selvas, desiertos, montañas y llanuras.

A lo largo de su historia, los pueblos indígenas han aportado a México su sabiduría y un invaluable acervo de conocimientos sobre su entorno natural, incorporando en él un sinnúmero de técnicas y tecnologías para el aprovechamiento de sus recursos y que se plasman en una multiplicidad de expresiones culturales y objetos materiales.

El hecho de representar la vida cotidiana, la vida del trabajo y la vida ritual en objetos e imágenes concretas, los convierte en piezas estrictamente estéticas en las que intervienen equivalencias expresivas que se descifran por medio de la valoración como productos artísticos.

Arte Indígena. Una puerta a la diversidad de México nos muestra una diversidad de obras maestras que han surgido de los actos más rutinarios de la vida cotidiana de los pueblos indígenas. Invitamos al público a reconocer en ellas a los pueblos indígenas mediante un universo posible de sensaciones visuales, formas, texturas y colores que conviven armónicamente con complejas técnicas de elaboración y con esa contribución plástica personal que transforma cada objeto en una pieza única e irrepetible. Sea ésta, pues, una puerta al vasto mundo del arte indígena.

Sala 2. Forma mística, textura festiva y color ritual

El arte indígena de México es diverso. Tiene un profundo significado que se expresa con las particularidades de cada cultura. El peso simbólico que representa cada obra, así como la historia de cada una –su antecedente artístico, la acumulación de influencias estéticas y la apropiación de tecnologías foráneas a lo largo de milenios– y la exquisita intencionalidad creativa, nos ayudan a retomar el universo para ser analizado como expresión estética individual y colectiva, en donde la forma y el color se subordinan a los contenidos espirituales trascendentales.

El ingenio plástico de cada uno de los pueblos indígenas satisface las necesidades religiosas y ceremoniales. Es abundante y visible. Así, la originalidad de la obra de arte resulta de la función mística que representa; la esfera del arte es sólo el dominio para la reinterpretación de los símbolos comunales. La obra resultante posee más una carga emocional que intelectual y tiene un carácter que reproduce los esquemas del pensamiento filosófico mediante estilizaciones decorativas que recrean lo bello.

Las piezas que se exhiben en esta sala tienen diseños estéticos y ornamentales con contenidos milenarios de orden personal, ritual y cosmogónico, materializados mediante símbolos de contacto con lo divino, con los ancestros y con la fuente de la vida. Nos recuerda que el hombre, desde tiempos inmemoriales y mediante la observación de su propio ser y del universo que lo rodea, creó el orden cósmico perfecto.

Su expresión sintetiza el alma de un pueblo, los gustos, los ideales, las realizaciones y la imaginación, para compartir plácidamente con los dioses festejando la vida y la muerte.

Sala 3. La expresión artística de lo cotidiano

La casa es el espacio donde el arte convive día a día con las personas. Ahí se recrea la sensibilidad y se reafirma el origen diverso de cada quien. Es en la casa, en el vestido y en la satisfacción de las necesidades primarias, donde se planta la búsqueda innata por el arte, independientemente de las variaciones domésticas entre distintos pueblos.

En el marco cotidiano de la casa se come, se resguarda el patrimonio familiar. Ahí se heredan las tradiciones, se imponen los sentimientos. También se gesta la vida y se enseña un modelo del saber ser. Se transmiten los valores ideológicos, se instruyen las tecnologías y se potencia la especialización del trabajo.

Los objetos que satisfacen las necesidades domésticas tienen una profunda razón de ser. Han sido elaborados de manera espontánea y guardan una estrecha relación con la estética particular de cada comunidad. Los diseños de los objetos y su decoración responden a los patrones de vida cotidiana, pero no son laicos, ni individualizados, ni carecen de expresividad plástica. La habilidad y el ingenio creativo de los indígenas han permitido que desarrollen constantemente variaciones de una misma pieza, razón por la cual un solo concepto puede encontrarse en distintas formas y técnicas.

La variedad de objetos está condicionada por los materiales utilizados, generalmente obtenidos del entorno local, por los cambios en las dimensiones y por los diseños trazados. Las formas llegan a ser orgánicas y delicadas, pero a la vez resistentes. Los dibujos tienen contornos casi geométricos, o bien complicadas representaciones naturalistas en las que el objeto se convierte en fondo y la decoración en figura. Los volúmenes son sensuales, fecundos y juegan con el espacio tridimensional. Las proporciones tienen tal coherencia y armonía que pueden compararse con la composición de las más sublimes obras pictóricas de todos los tiempos; los colores hablan por sí solos de la presencia abstracta de un individuo, del estado de ánimo del productor y del contexto social al que pertenece.

Sala 4. El trabajo hecho arte

En México, como en otras culturas del mundo con pueblos indígenas, el arte ha formado parte de la funcionalidad de la existencia y se ha integrado al trabajo cotidiano. Sin embargo, un objeto que sirve como herramienta se convierte, si es hecho bajo una perspectiva de equilibrio armónico, ingenio y de intencionalidad plástica, en una auténtica obra de arte. Además, los objetos que se usan en las labores productivas - agrícolas, ganaderas, pesqueras y para el trabajo doméstico - y que han sido concebidos desde una consciente necesidad estética, son por sí solos piezas únicas que sintetizan la memoria colectiva en la creación individual.

Así, la tierra da el alimento y el sustento, y también los colores que se transforman en sublime escultura, trascendiendo la utilidad de la alfarería. Algunos vegetales y animales proporcionan la materia prima para la indumentaria que se usa en el trabajo, pero también el medio plástico del arte textil. Los árboles, vivos detonantes de los diversos paisajes, dan la madera que estructura el hogar y allana el trabajo doméstico, así como el poder expresivo del mobiliario y el menaje de casa. De la industria se toman algunos avances tecnológicos para el mejor aprovechamiento del campo y del mar y, a la vez, innova los objetos de trabajo como manifestaciones creativas, integrando nuevos materiales a las obras.

Pero el arte en el trabajo es diferente del trabajo de hacer arte. El potencial creativo de un individuo, enmarcado en la diversidad de contextos culturales, tiene que ver con la sensibilidad, el conocimiento, el ingenio, la experiencia y el dominio que el artista tiene de las técnicas tradicionales.

Estas técnicas, que en su mayoría exigen de concentración, conocimientos y sabidurías profundos para el dominio del espacio plástico, son el puente tendido entre la más intrínseca razón de existencia de los objetos –cosmogonía y funcionalidad– y la tradición artística que evolucionó por milenios. En esta sala, se verán volúmenes, figuras, colores, expresiones que inducen experiencias estéticas a partir de simples artículos y herramientas de trabajo.